Moon (2009), Crítica de la película
Innovadora desde su apuesta por el clasicismo, intimista y fascinante. Moon es una pequeña película con un discurso que trasciende la pantalla.
El segundo film del británico Duncan Jones es no solo una inesperada sorpresa, es también probablemente la mejor cinta de Ciencia Ficción de la década.

Duncan Zowie Haywood Jones, hijo del músico David Bowie y graduado en filosofía y posteriormente como director en la London Film School se puso tras las cámaras de Moon con solamente otro film en su haber: Whistle (2002) una película menor con poca o ninguna repercusión.
Apenas tres años después, Moon es una obra de culto, y Jones ha sido catapultado a proyectos de gran presupuesto como (Codigo fuente, 2011). Su próxima obra, Mute, se encuentra en fase de realización, y plamea además dirigir uno o varios films siguiendo la temática de Moon.
El éxito de Moon, tras 28 premios y nominaciones, es indiscutible. Su secreto es un guión sólido (escrito a cuatro manos por Nathan Parker, un desconocido en el medio, y el propio Jones) basado en ideas que recuerdan a las novelas clásicas de Ciencia Ficción, donde el escenario es la excusa ideal para abordar cuestiones puramente filosóficas y existencialistas.
Lanzamiento: Moon , 2009, Reino Unido
Dirección: Duncan Jones
Guión: Duncan Jones, Nathan Parker
Música: Clint Mansell
Fotografía: Gary Shaw
Reparto: Sam Rockwell, Kaya Scodelario, Matt Berry, Malcolm Stewart, Benedict Wong, Dominique McElligott, Robin Chalk, Kevin Spacey
Moon es la historia de un individuo convertido en un suproducto de una sociedad que construye su bienestar sobre los cadáveres de sus peones. Una reflexión seguramente sencilla, pero inexcusable sobre lo que significa ser humano.

Moon, como ya hicieran films como Blade Runner (1982, Ridley Scott) o Naves Misteriosas (1972, Douglas Trumbull) es una fábula en un mundo futuro, tecnológicamente muy alejado del nuestro pero que sirve de metáfora atemporal sobre la sociedad humana.
Al igual que el film de Scott, Moon utiliza este marco como pretexto, huyendo de una aproximación ensayística y forzosamente densa, para presentar su reflexión sobre la humanidad y la alienación del individuo no expresada a través de los diálogos sino en la propia acción del film.

La pieza angular de la película reside acertadamente en una portentosa interpretación de Sam Rockwell, prácticamente el único personaje del film, que a lo largo del mismo atraviesa una continua y profunda transformación, no solo psíquica sino también física, en un despertar a su papel de esclavo, su destrucción como individuo y finalmente su liberación y renacimiento a través de un sacrificio máximo.

Cabe destacar, también, la magistral realización del film, con una excepcional música atmosférica que recuerda a las composiciones usadas por Christopher Nolan y el trabajadísimo apartado visual, que con un modesto presupuesto, apenas 5 millones de dolares, logra que sus escasas escenas con efectos especiales sean no solamente espectaculares, sino que transmitan una belleza y autenticidad que supera los medios y la tecnología empleadas. Algo con un valor más que relevante en los tiempos que corren y que recuerda de nuevo a los *** planos aéreos de Blade Runner.
Moon es una de tantas demostraciones de que el cine basado en ideas puede todavía atraer y encandilar al gran público, y más importante aún, supone la resurrección de un género injustamente olvidado, la Ciencia Ficción.
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